Ica, una aventura de mar y arena

Recorrer el litoral peruano puede estar matizado de diversas experiencias: naturaleza, aventura, historia, cultura…siempre hay un pretexto para recorrerlo y esta vez tocó el sur: Ica.

Esta región es conocida por Paracas y Nazca; por sus vinos y piscos; por su naturaleza y su misterio…y hacia allá  nos dirigimos.

El día comenzó muy frío, húmedo y gris…eran las 5h30. La primera parada fue en Tambo Rural, km 53 de la Panamericana Sur, para degustar un desayuno rústico a base de panes rellenos de aceitunas, queso y cabanossi y una infusión calientita para disipar la aún fría mañana. Eran ya las 7h00. Después de esta breve parada continuamos la ruta hasta Paracas en un recorrido de tres horas aproximadamente apreciando verdes valles, extensas áreas de desierto o el vaivén de las olas del Pacífico de tramo en tramo.

El Chaco es el nombre del muelle que nos recibe. A esa hora, 10h00 aproximadamente, ya los grupos están en la puerta de ingreso esperando su turno para abordar las lanchas que lo llevarán en una aventura de hora y media conociendo la fauna del lugar y respirando esa brisa marina que tanto relaja. Las salidas se dan desde las 8h00 cuando la capitanía de puerto da la autorización respectiva para empezar con los recorridos. Luego las partidas se van dando según la llegada de los visitantes.

Después del terremoto del 2007, El Chaco y Paracas lucen renovados. Quizás por ser puntos turísticos de rigor para muchos de nuestros visitantes extranjeros. Caso distinto es Pisco, donde aún es posible ver algunas evidencias de ese terremoto que marcó a este pueblo pero que, pese a todo, avanza y sale adelante.

Con la renovación del lugar llegaron también las nuevas inversiones. Hoy este apacible lugar luce remozado con las más modernas edificaciones hoteleras que conjugan la belleza del lugar con los diseños de sus instalaciones que han hecho lo posible por guardar la armonía con el lugar. Algunos lo lograron; otros, se quedaron en el camino.

Lo importante de ello es que la economía se reactivó y de una forma muy alentadora para locales y visitantes.

Es posible encontrar pequeños, modernos y acogedores hoteles 3 estrellas como la Posada del Emancipador, hasta importantes cadenas internacionales como el Hilton o nacionales como San Agustín o Libertador, que se han instalado en este lugar para satisfacer las demandas más exigentes.

Lo cierto es que, sin detenerse mucho en estas modernas y grandes construcciones, Paracas sigue guardando el encanto de siempre. Sentarse en la orilla a contemplar el vuelo de gaviotas y pelícanos que están al acecho de supresa; ver a los pescadores sortear las olas para ir por la pesca del día; apreciar los grupos de personas que llenos de emoción y hambre de conocimiento se embarcan a diario en las lanchas con capacidad de 45 personas para descubrir el lado más natural del lugar…o simplemente sentarse a contemplar el vaivén de las olas…hacen de este lugar el refugio de muchos amantes de la naturaleza y/o de la aventura.

Ballestas es un refugio de especies marinas como los lobos de mar, delfines, pingüinos de Humboldt, entre otros, a los cuales se puede apreciar desde el recorrido en lancha…así como algunas enigmáticas figuras como el Candelabro o esculturas de roca en los alrededores. El descubrimiento de esta fauna se ve complementado con la experiencia natural que deja el recorrido por la Reserva Natural de Paracas, de la cual forma parte Ballestas, al apreciar sus apacibles y acogedoras playas donde es posible acampar previo permiso de las autoridades del lugar.

Gozar de un atardecer en el lugar, donde el buen clima es una constante, a orillas de una playa casi desierta y totalmente apacible…con un oleaje pasivo y constante al mismo tiempo…puede hacer de esta una experiencia romántica y natural.

La aventura por esta región se complementa con una excursión por las grandes sábanas de desierto que encontramos en toda la región y las cuales se prestan perfectamente para una experiencia llena de emoción y adrenalina: buggie y sandboard.

El desierto de Ocucaje o las dunas de la Huacachina, son los lugares ideales para esta aventura. La diferencia está en la experiencia que se busca disfrutar. Huacachina es un oasis en el desierto pero por la afluencia de gente al lugar, está lejos de ser ya un desierto. Un gran número de personas, entre nacionales y extranjeros, se concentran en el lugar para vivir su aventura de arena. Autos tubulares especialmente diseñados para la aventura, se convierte en su cómplice.

La elección de un diestro chofer en el manejo de este transporte, es vital. El recorrido es similar al de una montaña rusa pero esta vez en arena, en grandes desiertos de arena que hacen de ésta una experiencia realmente particular.

Sin embargo, la cantidad de gente, que aumenta los fines de semana, puede no ser la mejor compañía de esta aventura. Durante la semana la mayor presencia es de extranjeros y los fines de semana la afluencia se duplica con la llegada de los nacionales.

Igual, la búsqueda de emoción y adrenalina, queda saldada.

Los que buscan algo más privado y que vaya acorde con la expresión “aventura en el desierto”, pueden encontrar el sentido completo en las dunas de Ocucaje donde el paisaje incluso luce distinto al que encontramos en la Huacachina. Todo es arena pero las formaciones son distintas y le dan un toque de misterio al lugar. Recorrer el desierto en los tubulares y que el punto máximo esté al borde de las 18h00 lo hará disfrutar de una puesta de sol realmente especial. El paisaje toma una forma distinta y el cielo se viste, generalmente de naranja. Todas las emociones quedan atrapadas en este momento…único.

Así, termina un día intenso…lleno de naturaleza, brisa, mar y arena, donde la adrenalina invita a desestresarse, recorriendo las olas de mar y arena y confirmando así que cada lugar ofrece una nueva experiencia.